
Cuenta la leyenda que en la Gerona del siglo X, existió un hombre conocido como el Ugarés, el cual vivió de forma aislada en un megalito situado en el modesto pueblo de Amer, que pertenece a la actual comarca de la Selva, haciendo frontera con las comarcas de la Garrotxa y el Gironés en la comunidad autónoma de Cataluña, en la actual España. Aparentemente no se trataba de un ermitaño voluntario sino que fue expulsado por sus conciudadanos, según algunos a causa de su extraño aspecto de nacimiento, y según otros por acusaciones de tener contacto con la magia negra. Sin embargo en vez de terminar en la horca o la hoguera, se le condenó al ostracismo, pero a fin de cuentas se le permitió vivir. Ello quizás se debiera a que por mucho temor y recelo que despertase su presencia, a fin de cuentas era un vecino de toda la vida al que habían visto nacer y crecer en el pequeño pueblo.

¿El Primer Vampiro Europeo?
Según esa misma leyenda, en el siglo X unas extrañas gentes provenientes del mar Caspio viajaron hasta Amer, para luego dirigirse hacía el megalito donde conocieron al Ugarés. No se sabe si lo buscaban a él o al megalito y dieron por casualidad con su ermitaño, pero según el folclore, esos extraños personajes realizaron algún tipo de rito donde el pobre desgraciado quedó poseído por algún tipo de espíritu maligno. Varios años después la población fue atacada y el Ugarés salió en su defensa, cargando contra los invasores con una furia y crueldad sin precedentes, aún así aparentemente perdió la vida en el campo de batalla y fue enterrado por los lugareños, en el megalito donde había vivido. Un siglo más tarde, como respuesta a los ataques recurrentes en la zona, se construyó el castillo de Estela, y se edificó justamente encima del megalito donde el Ugarés estaba sepultado. Durante la construcción de la fortaleza sucedieron todo tipo de desgracias, accidentes inexplicables, plagas y enfermedades, si bien finalmente la obra se terminó.
Curiosamente el primer señor del castillo, fue un hombre al que se conoció también como el Ugarés. Algunas personas aseguran que fue poseído por el espíritu de su anterior tocayo, sin embargo otras aseguraban que se trataba de la misma persona, pero en lo que todas coincidían, era en la fama de su crueldad. Cuentan las leyendas que el Ugarés se dedicó a asesinar a sus habitantes, especialmente a niños, de quienes bebía su sangre y se comía su carne. Además se decía de él que tenía la capacidad de ver el futuro y que nunca envejecía, lo cual explicaría que tras el paso del tiempo, desde el siglo XI hasta el siglo XV, todos los señores de dicho castillo se les conoció como el Ugarés y según las gentes, todos ellos tenían el mismo aspecto.

En 1427 un terremoto de gran intensidad asoló varias comarcas enteras, y se perdió la pista del señor del castillo para alegría de los habitantes, quienes lo dieron por muerto. Pero al cabo de unos pocos años reapareció, y con él los asesinatos, las epidemias de peste y las desapariciones, especialmente de infantes. No fue hasta 1483 bajo la corona de los Reyes Católicos, que los habitantes de Amer pudieron empezar a ver el final de su maldición. Ello se debe a que los monarcas Isabel I y Fernando II, nombraron como Gran Inquisidor de Aragón, Castilla, Cataluña y otros territorios peninsulares, al famoso Tomás de Torquemada. La fama del inquisidor le precedía, pues era conocido por su facilidad en cometer todo tipo de a atrocidades, si Torquemada lo consideraba oportuno, se llevaban a cabo desmembramientos, aplastamientos, asfixia, extirpación de los globos oculares, cocinar a alguien vivo y en definitiva cualquier método que pudiera arrancar además de una extremidad, una confesión. No importaba si era real o inventada o si se trataba de hombres, mujeres, ancianos, o incluso niños. Aunque eso sí, todo en nombre de Dios.
Aunque es poco probable que las gentes de Amer delataran al Ugarés, por tener más miedo al Gran Inquisidor que al propio vampiro, es probable que el boca oreja ya le hubiera puesto sobre aviso. En cualquier caso, la consecuencia fue que el Ugarés desapareció del mapa ese mismo 1483.
Sin embargo, nuestro vampiro reapareció nuevamente en el siglo XX, pero relacionado con otro no muerto apodado «el Vampiro de Borox«. Javier Arries, el escritor y físico, autor del libro «Vampiros Bestiario de ultratumba«, explicaba que en 1915 en la ciudad de Cartagena, en la comunidad de Murcia en España, apareció un misterioso personaje. Dicho personaje se trataba del cadáver de un noble de originario de Europa del Este, aparentemente enviado a tierras españolas por sus compatriotas ante el temor a que este se levantara de su tumba, con la excusa de que el noble tenía un familiar en La Coruña. El fallecido fue recogido por un camión a fin de transpórtalo hacía Galicia y ser entregado a la familia. Sin embargo a lo largo de su recorrido atravesó por diversas poblaciones, entre las que destacan Alhama del Segura, Almería, Borox (Toledo), Santillana del Mar, Comillas y La Coruña. Durante el traslado y coincidiendo con su ruta, varios de sus habitantes fueron atacados por un extraño ser que los desangró. Cuando llegaron a destino nadie reclamó el cuerpo, por lo que éste fue retornado a Cartagena, desatándose una vez más los ataques durante el trayecto de vuelta. Curiosamente una vez llegó a Murcia, el féretro fue reclamado por un aristócrata serbio, que estaba hospedado en un hostal murciano, situado en la calle Mayor de Alhama. Según el testigo de un anciano de la época, dicho noble serbio era conocido en la zona con el nombre del Ugarés, y según afirmaba el viejo, el taciturno huésped era sorprendentemente parecido físicamente a un miembro de la aristocracia polaca, que había conocido en Murcia cuando en su juventud. Finalmente el difunto encontró sepultura en el campo santo cartagenero, al tiempo que el Ugarés desapareció sin dejar rastro.

Por otro lado, algunas versiones apuntan que el vampiro del Borox lejos de ser un personaje histórico o pertenecer a la mitología popular, en realidad se trata de un personaje literario nacido bajo la pluma del escritor Alfonso Sastre en 1964, en la novela titulada «Las noches lúgubres». Y de hecho así lo afirmó el propio Sastre en 2005, quien decía haberse basado en algunas leyendas. En ese sentido otro autor, concretamente el profesor de la Universidad de Barcelona Jordi Ardanuy junto a Martí Flò y Valentí Ferran investigaron al respecto en 1993, dando como resultado la obra » Vampiros, ¡vaya timo!«. En la mencionada obra del catedrático, se alega a la falta de registros del féretro que demuestren de su existencia así como la falta de testigos, más allá de un reducido grupo de personas naturales de Borox, quienes sí habrían escuchado hablar de esos sucesos. Por lo que la conclusión generalizada del tema, es que se trata de un personaje llevado de la novela a la leyenda urbana.
Si bien la falta de registros es un hecho, también lo es la cantidad ingente de información que se destruyó durante la Guerra Civil española, así como la existencia de testigos directos en la época. Si además entramos a valorar el nivel de calidad de los registros en una sociedad empobrecida donde el nivel de alfabetización era bajo, la hipótesis de que estos fueran borrados ex profeso por alguien que no quisiera dejar rastro y sin levantar sospechas, es bastante factible. Quizás por ello la leyenda ha continuado viva hasta día de hoy, llegándose a realizar incluso espectáculos como el de » La Maldición de Ugarés» en el Castillo de Alhama de Murcia, organizada parte del Museo Arqueológico Los Baños en 2014. Si bien desconocemos si dicho espectáculo sigue celebrándose, os facilitamos los datos de contacto del Museo:
Museo Arqueológico Los Baños
C/ Sánchez Vidal, 5 30840 Alhama de Murcia (Murcia)
Telf.: +34 968 630 776
museoarqueologico@alhamademurcia.es